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    [Crónica] Paradise

    Por: Rodrigo Villegas

    Escuchaba Paradise, de Feid, por enésima vez cuando me enteré, así como gran parte de los ciudadanos de este país – los que todavía estábamos despiertos a esa hora, después de las 23.00 – de la aprehensión del por aquel entonces fiscal general del Estado, Roger Mariaca, y del fiscal departamental de Santa Cruz, Alberto Zeballos. Ambas ahora exautoridades habían sido detenidas en el aeropuerto de Viru Viru, de Santa Cruz, por presuntos vínculos con el narcotráfico y la corrupción.

    Minutos después circularía por las redes sociales, como si alguien misterioso hubiera enviado esa exclusiva justamente aquella noche, un video donde Sebastián Marset, el narcotraficante uruguayo que fue aprehendido en Bolivia y extraditado hasta Estados Unidos, diría abiertamente que Mariaca “era su amigo”. La voz de Feid se mezclaba en mi cabeza junto con la de Marset, la de los periodistas cansados y sorprendidos por la bomba informativa que había caído de la nada aquella noche del último miércoles de septiembre, y que habría de colocarse en el sitial de los titulares de las próximas horas.

    A lo largo de esa noche y madrugada se informó también que el exministro Eduardo del Castillo, de la gestión del expresidente Luis Arce, también habría sido detenido también por supuestos tratos con Marset, aunque la información fue desmentida en la mañana del jueves por el ahora ministro de Gobierno, Marco Oviedo, del gobierno de Rodrigo Paz. Lo que sí sucedió fue la aprehensión de otro fiscal, Martín Daniel Irusta, conocido por su cercanía con e Movimiento al Socialismo (MAS) y por ser amigo del dueño de la vilipendiada empresa inmobiliaria Las Loritas.

    “La justicia estaba corrompida, nosotros la vamos a cambiar ahora. Este es el primer paso, recién estamos comenzando”, alertó Oviedo en una conferencia de prensa tras esta ola de detenciones, mensaje que fue ratificado por el vocero presidencial José Luis Gálvez: “El narcoterrorismo nos amenazaba con un octubre negro. El octubre negro será para ellos”.

    Al día siguiente, en una jornada raramente maratónica, la Asamblea Legislativa se puso al caso para destituir a Roger Mariaca de su cargo, ya que era la única institución con el aval necesario para echarlo de la Fiscalía. La Cámara de Diputados aprobó la moción en tiempo récord, lo mismo que hizo de la Senadores. Luego Paz, el primer mandatario, promulgó la norma. Horas después Mariaca dejaba de ser el fiscal y la nueva autoridad interina sería José Armando Urioste.

    Todo esto sucedía a los pocos días del regreso de Paz de Estados Unidos, donde se había reunido con los líderes latinoamericanos que integraban el Escudo de las Américas, una entidad promovida por Donald Trump para “combatir el narcotráfico” en los países de la región. Casualmente, a solo unos días del retorno del mandatario, la Secretaría de Estado de los Estados Unidos emitía un comunicado donde anunciaba que se le suspendía la Visa a Mariaca y otras autoridades de la justicia boliviana. Días después lo atrapaban como un vulgar delincuente.

    “Injerencia”, alertaron algunos, aunque pocos parlamentarios. “Volvemos a ser parte de la colonia estadounidense”, comentaban otros en sus redes sociales. Estados Unidos volvía a pisar fuerte en Bolivia. Regresábamos décadas en el tiempo.

    Con la ola de la derecha en Latinoamérica, con líderes como Milei, Noboa, Kast y el mismo Paz, quedan pocos resquicios para otro criterio político que no sea el impulsado por Trump, que ya se ha hecho de Venezuela a la fuerza y de donde ya extrae el petróleo que quiera. Y eso ya se siente también en todo el territorio boliviano.

    Es por eso que las elecciones de este domingo en Brasil son determinantes, comentaban algunos analistas políticos en sus columnas dominicales o a través de sus muros de Facebook, los que alcanzaba a leer. Lula da Silva se enfrenta al Bolsonaro hijo en busca de dejar al país carioca como uno de los pocos escudos (aunque el más importante de todos por la importancia de Brasil en la región, tanto a nivel geográfico como económico) colocados delante de Trump y sus acólitos. Según los sondeos previos Lula podría ganar esta votación, pero no le alcanzaría para evitar la segunda vuelta, que seguramente será más polarizante e intensa que esta que culminará la jornada de este domingo.

    Mientras intento apartar toda esta información pesada para cualquier mañana de domingo, con la frustración de saber que la justicia boliviana (y la del mundo entero, que este no solo es un problema nacional) cambiará pronto (tal vez nunca), elijo regresar a Feid, a Paradise, esa canción que me tiene enloquecido desde que salió. Al término de la canción, con la voz del colombiano ya apagándose en la melodía, mando mi seguramente inútil apoyo a Lula. Desde la distancia, desde este país que observa cómo los ricos se hacen más ricos en su propia patria, espero que lo logre. Es la única esperanza para algo “mejor” a futuro. Al menos elijo creer en eso.

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