Por: Pablo Peralta M.
Década del 70, en plena dictadura. Reynaldo Peters está a punto de realizar una acción que lo pondrá en las páginas de la historia jurídica. En una celda, siendo preso político, redacta lo que quedará para la posteridad como un hábeas corpus único: un recurso escrito en la fragilidad de un trozo de papel higiénico.
Reynaldo Peters era entonces jefe de la avanzada universitaria del MNR. Apostaba a que ese partido se apegara a los principios del nacionalismo revolucionario. Sin embargo, ese ideal chocaba con la postura que tenía la cúpula. Durante los primeros años en el poder, el régimen de Hugo Banzer Suárez sostuvo una alianza con la dirigencia del partido.
Cuando se le ocurrió realizar ese acto, nuestro protagonista estaba preso junto a otros dirigentes en dependencias de lo que se denominaba DOP (Dirección de Orden Político).
Ideó redactar ese recurso cuando se enteró de que su familia le iba a llevar un cambio de ropa. Apuntó a llamar la atención. Sus compañeros de celda lo miraron de forma incrédula. No había papel, una máquina y, lo más importante, cómo tramitarían un recurso de ese tipo estando presos.
Pese a todo lo que tenía en contra, Reynaldo Peters se embarcó en esa tarea. Como soporte, utilizó parte del papel higiénico que le correspondía, dado que a diario dotaban a su celda de un rollo de ese papel y los presos lo repartían entre todos los privados de libertad.
«Milagrosamente», en una esquina de la celda apareció un antiguo bolígrafo con tinta seca. Con la ayuda de una vela, logró derretir la tinta dentro de una tapa de crema para zapatos que usaban como cenicero y se puso a escribir el recurso. Como dirección, puso el nombre de la celda donde se encontraba detenido: El Tropezón, ubicada en la calle Ayacucho, esquina Comercio.
Y llegó el día… Enrolló el pedazo de papel higiénico en sus medias sucias y las metió en un maletín que entregó a su esposa, quien le llevó ropa limpia. Reynaldo Peters también escribió las instrucciones sobre cómo debía proceder: le instaba a evitar que se lo quitaran, que lo llevara al tribunal y que peleara para que lo admitieran. Así procedió su pareja.
El recurso fue aceptado, aunque hubo presión desde el poder para que no avanzara. El trámite duró al menos cuatro meses, más de lo debido, hasta que la entonces Corte Suprema de Justicia lo rechazó. No obstante, pese a aquello, cumplió su objetivo: llamar la atención.
La acción fue más valorada fuera del país y su redactor ganó premios y reconocimientos internacionales, además de dictar infinidad de conferencias. Se lo considera como un «monumento jurídico internacional». Hay varios artículos y trabajos sobre la hazaña y hasta un diccionario de quienes realizaron algún texto sobre esa experiencia, que comenzó en una celda llamada El Tropezón, con un recurso redactado en un trozo de papel higiénico.
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P.D. Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz, escribió al respecto: “Alguien decía que se perdió la capacidad del asombro; sin embargo, la vida nos sorprende a cada paso y, algunas veces con humor, nos permite sonreír y pensar sobre el ingenio y la creatividad. El doctor Reynaldo Peters durante su prisión bajo la dictadura del general Hugo Banzer en Bolivia, recurrió al papel higiénico para redactar un ‘hábeas corpus’, un recurso jurídico reclamando el derecho de toda persona a un juicio justo”.


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