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    [Crónica] Viacha

    Por: Rodrigo Villegas

    Hay voces que ya no serán escuchadas, hay ojos que no volverán a abrirse. Hay lágrimas que no dejan de caer.

    Una explosión, la primera; luego otra más fuerte, la segunda. En Viacha, en un regimiento militar. El dolor, el miedo, gente que corre, que grita. Los videos que circulan en redes sociales, que son replicados por los medios informativos. Que narran la tragedia. En la noche, cuando el terror no ha terminado de pasar, se confirman dos muertos. Un día después aparecería el tercero. Los heridos son más de cincuenta. Entre ellos hay niños.

    El país se acongoja, por horas la información, cualquiera que sea, pasa a segundo plano. Nos olvidamos de quién es Fernando Cerimedo, de la crisis de los combustibles por su persistente escasez en los surtidores. De las mentiras del presidente Rodrigo Paz, de la ineficiencia del vicepresidente Edmand Lara. Del incremento abusivo en los salarios de los asambleístas departamentales de la Gobernación de La Paz, que suben en casi Bs 4.000 sus pensiones mensuales. Entre ellos está, obviamente, el mismísimo gobernador Luis Revilla. Dejamos atrás esa indignación que nos corroe hasta los huesos para llorar a la distancia por el siniestro. Por las vidas perdidas en un segundo, poco más o poco menos.

    *

    Viacha: ciudad y municipio de Bolivia que, según el último censo, cuenta con poco más de 113 mil habitantes y que ha visto su población triplicada en número desde 1992, cuando se contaban unas 37 mil personas asentadas ahí; urbe conocida por sus actividades ganaderas, porcinas, ovinas y ante todo lechera, en constante crecimiento, desde donde se transportan masivamente productos lácteos a gran parte del departamento de La Paz, más que todo a su ciudad y a la de El Alto.

    Elevada al rango de ciudad el 5 de diciembre de 1906 en el primer gobierno del expresidente Ismael Montes, Viacha ha visto crecer a sus niños hasta convertirse en abuelos, los ha visto nacer y morir en su tierra árida, altiplánica, los ha visto migrar, los ha visto plantar sus casas, sus árboles. También, lastimosamente, los ha visto llorar, padecer las tragedias sucedáneas que alborotan determinados espacios.

    El conflicto más reciente antes de las explosiones fue el de la contaminación minera de sus afluentes, registrada al año pasado, donde se pudo verificar cianuro en el agua que consumían las vacas y otros animales de la ciudad, agua que a la vez era consumida por los mismos habitantes, que habían comenzado a enfermarse, por lo que las denuncias lograron llegar hasta altas entidades del Estado para regular este mal que ha extendido sus tentáculos por diferentes municipios del país.

    Los vecinos y autoridades de Viacha lograron hacer escuchar su reclamo y consiguieron grandes avances contra las empresas mineras, obligándolos a regular el uso de cianuro en sus trabajos habituales, aunque no consiguieron frenar del todo los trabajos de aquellas instituciones por el apoyo de otro sector de habitantes de la urbe, argumentando que se les estaría cortando beneficios económicos a la ciudad.

    Mientras Viacha se recuperaba lentamente de esta batalla medioambiental y luchaba contra la actual crisis económica por la falta de diésel en la ciudad, llegó la tragedia, el fuego que reventó una tarde dolorosa de septiembre.

    *

    Fue más precisamente el viernes 4, mientras la gente se alistaba para la celebración del Día del Peatón, que habría de llevarse a cabo el domingo 6 a nivel nacional, cuando una explosión en el regimiento militar Bolívar, en Viacha, puso en desesperación a los vecinos de la ciudad, normalmente asustados por aquella inhabitual situación.

    Como el evento no había sido tan fuerte, según el reporte de varios vecinos, se acercaron lo más que pudieron hasta el cuartel para verificar lo que había pasado, con el fin de conocer más del siniestro o ver si podían ayudar en algo a los jóvenes soldados que cumplían su servicio militar en aquella institución. Luego del movimiento de las paredes, ahora se escuchaban petardos, uno tras otro, sin un orden establecido.

    Lo que nadie esperaba era lo que habría de suceder minutos después: una segunda explosión detonó con mucho mayor fuerza que la primera, lo que terminó de generar el terror absoluto en la ciudad, en sus habitantes, los que lograron escapar. Hubo otros que no lo lograron.

    Los reportes comenzaron a salir con velocidad por las redes sociales, los videos, las fotografías.

    Horas más tarde el ministro de Defensa, Ernesto Justiniano, salió a referirse a la situación y explicó que la causa había provocada por material pirotécnico, sin esclarecer exactamente lo que había pasado. La población boliviana, atenta a lo que sucedía, cuestionaba en redes sociales: “Juegos pirotécnicos no podrían haber causado semejante explosión, eso era imposible”, decían.

    Los heridos por la onda expansiva fueron rápidamente trasladados hasta diferentes centros médicos de El Alto y La Paz. Primero fueron reportados trece, luego cuarenta, que al final fueron más de cincuenta. En su primera fase no se reportaron fallecidos. Había la esperanza, aunque improbable, de que no se hubiera derramado más sangre.

    Ya en horas de la noche, con los familiares de los soldados del cuartel en constante desesperación por conocer el estado de sus hijos reclutas, se actualizaron los lamentables datos: había dos fallecidos y siete desaparecidos.

    Los padres y madres hicieron vigilia, a la espera de saber más de sus hijos, de encontrarlos. El resguardo policial fue muy fuerte para no permitir su paso al cuartel, ante el peligro, decían, de que hubiera todavía material explosivo en el recinto. Es por eso, también argumentaban, que los trabajos de búsqueda se habían complicado.

    Ya el sábado en horas de la tarde se confirmó la muerte de un soldado más, llamado Wilson Copa, de menos de 20 años. Su padre había salido horas antes en los medios televisivos en exigencia de conocer el paradero de su retoño.

    Este domingo casi al mediodía se ratificó el hallazgo de un nuevo fallecido. Ahora el número es cuatro. Sin embargo, una reciente actualización gubernamental ya cuenta los decesos a seis.

    Mientras tanto los heridos continúan en los hospitales, a la espera de recuperarse y recordar la explosión como una de sus más terribles pesadillas.

    El Gobierno, por su parte, ha brindado muy poca información “clara” al respecto. Las causas reales de las explosiones. Justiniano ha dado a entender tímidamente que la causa podría haber sido el impacto de material pirotécnico con material inflamable ubicado en el recinto militar. Los expertos han alertado de un mal uso de armamento o incluso de un resguardo irregular de granadas, de pólvora y otros productos de alta peligrosidad y que no debían haberse encontrado en aquel cuartel.

    “Fueron granadas las que han explotado, eso hay que investigar”, ha denunciado el vicepresidente Edmand Lara, quien llegó la noche del sábado a verificar la situación y a brindar algún tipo de ayuda a las víctimas de la explosión. “El país merece conocer la verdad, basta de tantas mentiras y de silencio”, ha reclamado.

    La Fiscalía ya investiga esta causa como “homicidio culposo”. Las investigaciones durarán todavía varios días hasta saber “la verdad”, si es que en algún momento las actuales autoridades de Gobierno eligen revelarnos las causas originales de esta tragedia y no se remiten a un silencio vergonzoso que sea cubierto por el inevitable paso del tiempo, como ya lo han hecho con casos pasados recientes.

    Mientras tanto el dolor de los padres y madres irá en aumento al entender que sus hijos, sus sonrisas, sus miradas, sus voces, ya no estarán ahí con ellos. Sus futuros han quedado sepultados en los escombros del regimiento Bolívar.

    Viacha ha declarado tres días de duelo municipal.

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