Más

    [Crónica] El estado de excepción

    Por: Rodrigo Villegas

    Duermes una noche cualquiera de viernes, agotado por el ajetreo semanal, por el trabajo abrumador, y despiertas con la noticia bomba: se ha dictado estado de excepción. Lo hizo el presidente, te enteras por el celular, por Facebook, por las noticias que revisas apresuradamente, impactado por lo inesperado. Horas antes Rodrigo Paz, el mandatario, había logrado un importante acuerdo con uno de sus rivales más acérrimos: la Central Obrera Boliviana (COB), dirigida por Mario Argollo, con quien se saludan y firman un documento.

    “Instruyo a todos los afiliados a que se levanten todas las medidas de presión”, pide Argollo a nivel nacional, delante de muchas cámaras, de variados micrófonos. “Así como un dirigente llama a su pueblo a la batalla, tiene que saber también convocar a la paz”, indica.

    Sin embargo, los bloqueos no se levantan. Porque surgen los cuestionamientos de las famosas bases, esas que critican a Argollo por haberse “vendido”, que insisten con los cortes en las vías, con el impedimento del paso de camiones, de transportistas varados por cincuenta días en las carreteras. Así se manifiesta primero la federación Tupac Katari, que, al igual que el evismo, se apertrechan en su pedido de la renuncia del presidente Paz y rechazan cualquier diálogo.

    Es así que nace el estado de excepción, que vuelve a nuestras vidas, a la de una Bolivia que no tuvo que recurrir a esta medida desde hace casi veinte años. La última de estas normas se había emitido en el gobierno de Evo Morales, pero focalizada en Pando. Ahora es el mismo Morales que rechaza esta medida, pero que a la vez la hace casi obligatoria ante su liderazgo en las movilizaciones, al menos las de las últimas semanas y por lo que ha sido duramente criticado por el mismo Argollo, quien lo ha acusado de haber ensuciado la lucha de los sectores sociales.

    La Policía y los militares, ya instruidos en la medida, avanzan por El Alto, por las vías antes bloqueadas con fuerza y que ahora apenas muestran una débil y casi nula resistencia. Son más las piedras y promontorios de tierra que los protestantes. Es más un trabajo de limpieza de ruta, dice el ministro de Defensa, Ernesto Justiniano.

    Es un sábado extraño, inesperado. Todo hacía ver que el estado de excepción no habría de emitirse, pero se da, aparece. Claro, antes de establecerse del todo la Asamblea Legislativa se reúne en la noche para aprobarla o rechazarla. El vicepresidente Edmand Lara preside la sesión, donde, a pesar de mostrar su desacuerdo, termina sellando como aprobada.

    Con la noticia en mano, la Tupac Katari instruye otra sorpresiva normativa: dicta un cuarto intermedio indefinido en sus demandas. Pide a sus sectores que levanten los bloqueos, que se replieguen, para evitar enfrentamientos y mayores daños con los efectivos del orden.

    Lo cierto es que están disminuidos, agotados. Y han perdido un aliado importante como es la COB. A la vez, el Gobierno se ha jugado su última carta. Pone toda la carne en el asador para conservar su mandato, pero ha perdido mucha fuerza y popularidad con los sectores intermedios, los que no se habían movilizado, por su presunta inacción, por haber permitido que los alimentos suban su precio dramáticamente y generar una escasez terrible de carburantes, que ha develado filas históricamente largas de vehículos en puertas de los surtidores.

    El presidente había anunciado semanas antes que esta era la batalla de todas las batallas. Este es un paso fundamental en ese su camino. Si no vence con esta medida, es muy difícil ver un futuro para su gobierno, que ya está maltrecho por lo sucedido en mayo y ahora en lo que va de junio.

    Al menos, como breve consuelo, el precio de las verduras ha bajado. Al menos, como respiro, las cosas parecen querer volver, de a poco, a esa normalidad que tanto, tanto añoramos.

    Últimos Artículos

    spot_img

    Artículos relacionados

    spot_img