Por: Pablo Peralta M.
Cuando el artista plástico llegó a su casa, en la ciudad de El Alto, ambos cayeron en la cuenta de que no había en ese lugar una cinta o algo parecido para medir las dimensiones de la escultura. Un rollo de papel higiénico ayudó a sacar las medidas para realizar la réplica que iba a ser obsequiada al Papa.
Entonces gobernaba Bolivia el partido azul y Evo Morales aún no había pasado por el proceso del referendo que selló el devenir de la reelección (21F), y todavía estaba lejana la jornada de noviembre de 2019, cuando dimitió y salió del país. El calendario marcaba el 8 de julio de 2015. El papa Francisco pisaría suelo boliviano y nada podía salir mal.
Sin embargo, la sorpresa con la que Francisco recibió el regalo del presidente, en una sala de Palacio Quemado, fue la antesala de todo lo que vino después: una polémica no solo a nivel nacional, sino también a escala internacional. ¿La razón? El obsequio era una escultura de una cruz sobre la figura tallada de una hoz y un martillo, símbolo del comunismo.
Se trataba de una réplica cuyo original fue tallado por el sacerdote Luis Espinal, quien la esculpió en la década de los 70. Cuando fue asesinado, a principios de los 80, el padre Xavier Albó, su colega, se quedó con la cruz y la guardó durante muchos años.
La escultura estaba en su casa de Jesús de Machaca cuando Albó mandó traerla para la presentación de un libro sobre Espinal y el cine, otra de las facetas que cultivó el sacerdote. En el acto, mostró la cruz y le tomaron fotografías. La noticia sobre la pieza llegó a oídos de la Cancillería, entonces encabezada por David Choquehuanca.
Días después, desde el Ministerio de Relaciones Exteriores lo contactaron con el propósito de realizar una réplica. Entonces, Albó vivía en la ciudad de El Alto y puso una condición: que no se llevaran la escultura, sino que tomaran las medidas en su vivienda.
El encargado de realizar ese trabajo fue el reconocido artista plástico Gastón Ugalde, quien, al no encontrar una cinta para medir, tuvo que utilizar un rollo de papel higiénico para obtener las dimensiones. Tardó tres días en hacer la réplica que llegaría a las manos de Francisco.
Albó llegó a explicar que Espinal solía tallar ese tipo de esculturas para regalarlas a sus amigos y señaló que, con la cruz, más allá de resaltar el comunismo, buscaba representar el “diálogo” que debe prevalecer “entre los distintos”.
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P.D. En medios del exterior, aquella vez, contaron “la historia detrás del ‘crucifijo comunista’” y hasta polemizaron sobre la reacción del Papa y si había dicho “no está bien eso” o “no sabía esto”. Incluso CNN se hizo eco del episodio y, en una entrevista al entonces presidente, le preguntó al respecto. El interpelado mencionó a Espinal y dijo: “Ese padre ha diseñado, ha tallado, ha hecho la cruz con el martillo y la hoz. No es invento de Evo Morales…”.


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