Por: Rodrigo Villegas
El dólar, el mágico y doloroso dólar. Su variación, su tipo de cambio. Ahora es flexible, al menos algo así lo ha denominado el Gobierno, quien, a través del Banco Central de Bolivia (BCB), publica día a día una nueva cotización, una modificación en los dígitos. Este nuevo mecanismo dejó atrás del ahora nostálgico Bs 6,96 a más de Bs 9, que hasta el momento ha avanzado a más de Bs 11. Y no hay medida, no hay una cima. El dólar, el preocupante dólar.
El ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, ha asegurado tras esta impresión nacional por la devaluación de la moneda boliviana que esta subida se detendrá en las siguientes semanas. “Lo puedo firmar”, indicó en una entrevista televisiva, en una gira de medios a la que se ha visto destinado para intentar paliar el pánico que esta medida ha generado en el diario vivir de los bolivianos.
Porque a través de este incremento en el tipo de cambio muchos productos ya han visto su precio incrementado, más que todo los que se importan. Basta pasar una mañana o tarde por la calle Tumusla u otras del mismo tipo para verificar el incremento en los precios de los electrodomésticos, de los celulares. Lo que hasta hace poco costaba unos Bs 1.000 ahora ronda los Bs 1.300 o más; lo que antes iba por los Bs 2.000 ahora se mueve en los Bs 2.500.
“Es este tipo de cambio, jefe”, me explica un vendedor de televisores, que me cuenta que a cuando el dólar “oficial” se anuncia a, digamos, Bs 11,50, en el mercado paralelo sale a unos Bs 12 o poco más.
“Grave está la cosa”, lamenta, ante el relato de que las ventas han bajado debido a que la gente lo piensa más de una vez a la hora de adquirir un producto con ese costo.
Es así que días antes distintas federaciones y gremios de comerciantes han salido a protestar tímidamente (debido al miedo provocado por el todavía vigente estado de excepción) a través de sus dirigentes debido a la incertidumbre económica que esta situación genera. “No podemos trabajar, la cotización fluye todos los días, nos perjudica de sobremanera”, exclamaron varios representantes de los gremiales de La Paz y de El alto, entre otros.
Lo mismo pasa con los choferes, que ya han anticipado una “revisión” del precio de los pasajes debido al incremento en el costo de los repuestos, que se importan desde el exterior, para sus vehículos tras la subida abrupta del dólar. Sin contar, además, el persistente problema por la escasez de combustibles, que esta vez se concentra en el diésel, en su falta.
“Solo con dólares se va a garantizar, también, la adquisición de carburantes”, explican algunos analistas económicos y de energías, asegurando que ese es el principal problema del desabastecimiento de gasolina, la falta de divisas para comprar los combustibles. “No es el oleaje en Arica, no son los controles para verificar la calidad”, reiteran.
Es así que, ufano, Espinoza ha anunciado un nuevo préstamo de 2.800 millones de dólares del Fondo Monetario Internacional (FMI), que, según el ministro, resolverá gran parte de esta crisis de divisas e inyectará un alivio financiero al país, en números rojos ante la falta de gas para exportar y el crecimiento de la Deuda Pública.
Obviamente, fue criticado por muchos de sus adversarios políticos, pero del que tal vez se esperaba menos fue de Samuel Doria Medina, al parecer ahora exaliado del Gobierno del presidente Rodrigo Paz, quien cuestionó este crédito y ante todo la liberación del tipo de cambio del dólar “sin poner un tope a la subida de su precio” o “por lo menos generar medidas económicas para paliar esta situación para los sectores más empobrecidos”.
La fractura de esta alianza fue sorpresiva, tanto que en los pasados días se insinuó incluso la salida del todavía ministro de la Presidencia, José Luis Lupo, de su cargo, aunque se decía que sería enviado como embajador de Bolivia ante la OEA, aunque eso no terminó pasando.
Ya sin, parece ser, un respaldo de la bancada de UNIDAD en la Asamblea Legislativa, el gobierno de Paz tendrá una ardua tarea para sostener sus políticas económicas venideras, seguramente obligado a buscar nuevas alianzas para concretar nuevos créditos y, más que todo, aprobaciones en sus ya tan anunciadas leyes mineras y de hidrocarburos, entre otras, que todavía no logra presentar del todo.
Mientras tanto el dólar sigue subiendo sin control, generando el desánimo y temor de todos nosotros, que vemos cómo nuestros pesos bolivianos pierden su valor conforme pasan los días, empobreciéndonos lentamente sin un salvavidas que nos ayude a no ahogarnos mientras el Gobierno “intenta salvar la Patria”.


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