Por: Pablo Peralta M.
En la transición a la democracia, en los años 80, conoció a varios políticos, entre ellos cuadros del MIR. Siempre quiso conocer Cuba, por eso, cuando los miristas le comentaron sobre una beca para la isla, se ofreció a ir sin pensarlo dos veces. Sentía curiosidad por Cuba y también por la Libia de Gadafi.
En la isla tuvo una formación sistemática y aprendió Economía Política, filosofía, historia del movimiento obrero internacional y la historia de ese país. Respecto a Libia, a fines de los años 80 llegó invitado por la revolución. No se trató de un solo viaje. Hizo varios, llevando a amigos y hasta al caudillo, entonces un joven dirigente que contaba con un carisma para captar la atención no solo de las personas, sino también de la prensa.
Con el tiempo, llegó a coleccionar el “Libro Verde”, un texto político en el que Gadafi plasmó sus ideas políticas, centradas en una tercera vía, un sistema alternativo al capitalismo y al socialismo. Tenía ejemplares en varios idiomas y lamentaba que no hubiera una versión en aymara.
Cuando el caudillo ya era diputado, viajaron a Libia, donde se reunieron con el ministro de Relaciones Exteriores, quien le recomendó alistarse “…tienes que ir preparándote, ustedes van a llegar lejos, incluso tienes que pensar en quién va a ser tu canciller”.
Esos pasajes están plasmados en la entrevista que concedió el excanciller y exvicepresidente David Choquehuanca para el libro “Balance y perspectivas: intelectuales en el primer gobierno de Evo Morales”, de Marisella Svampa, Pablo Stefanoni y Bruno Fornillo, publicado en 2010.
El caudillo —según el relato— asintió y comentó que ya tenía en mente quién ocuparía esa cartera de Estado en caso de consumarse la posibilidad de asumir la silla presidencial: Choquehuanca. Cuando llegó al poder, en enero de 2006, lo cumplió.
“Ya en la Comisión de Transición me dice ‘te estarás preparando, ¿no?’, pero no me dice que yo voy a ser ministro, no me dice. Entonces, yo digo ‘puta, qué voy a hacer, tiene que ser un aymara el canciller, tiene que ser uno del pueblo”.
Pese a todo, dudó e incluso buscó a alguien que pudiera asumir, pero concluyó que, si no aceptaba, el cargo recaería en manos de “los mismos de siempre”. Tras acceder, el caudillo le dijo que fuera con poncho a la posesión y su respuesta fue que no “todavía”, porque esa vestimenta es sagrada. Le comentó que tenía su saco para matrimonios. “Ya como sea ven”, fue la respuesta que recibió.
Años después, cuando formó parte de un binomio presidencial, hubo actos en los que vistió de poncho y sombrero. Ya no era 2006 y regía la nueva Constitución, puesta en vigencia en 2009. Entonces, ya alejado del caudillo, aún mantenía respeto por ese atuendo tradicional.
No se le escuchó hablar del “Libro Verde” en actos públicos, pero sí del valor de esa prenda, incluso en una especie de sentido metafórico de lucha contra la corrupción: las autoridades originarias asumen con un poncho y, cuando termina su mandato, la prenda está vieja; no tiene bolsillos, lo que hace que las autoridades no piensen en su bolsillo… Fue discreto en el poder.
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P.D. En 2003, antes de llegar al poder, el político Evo Morales recibió el Premio Gadafi de Derechos Humanos, un monto de $us 50 Mil, en una ceremonia realizada en Trípoli. Años después, sostuvo, que usó el dinero no en su beneficio personal, sino en las fuerzas sociales del Trópico. “No sabía si algunos estarían devolviendo, no sabía eso lo consideraré», dijo en marzo de 2011. En octubre de ese año, Gadafi fue derrocado.


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