Por: Rodrigo Villegas
Sucedió más o menos así: la noche del 17 de agosto, mientras esperaba por alguien en la entrada de un hotel lujoso de Santa Cruz, Nadia Beller (activista, abogada y excandidata del MAS) recibió tres disparos por parte de dos hombres vestidos con los colores tradicionales de una empresa de delivery. A lo poco llegó una ambulancia que la llevó hasta un hospital cercano. Inesperadamente para un ataque de esa magnitud, sobrevivió. Incluso poco tiempo después de su agresión pudo convocar a un medio de comunicación a la sala donde se encontraba internada para dar una entrevista que provocaría un sismo en el territorio político nacional, en sus altas esferas.
Antes de aquella emisión, el presunto autor intelectual del hecho delictivo se encontraba en el aeropuerto de Viru Viru a punto de embarcarse en un vuelo hacia Argentina, su país de nacimiento, en la madrugada del martes. Aquel hombre alto y calvo, con una barba trasnochada y canosa, era el mismísimo Fernando Cerimedo, famoso por haber sido el asesor político del presidente Rodrigo Paz y personaje vital en la campaña que lo llevó al liderazgo del Gobierno tras ganar en las elecciones de 2025. Acorralado por policías que lo interceptaron, el escándalo terminó por estallar.
Beller, desde la cama del hospital, denunció que Cerimedo habría sido su pareja sentimental, que ya había sufrido violencia por parte de él en el pasado y que ahora el plan había sido ejecutarla para que no contara todo lo que ahora haría público: que en realidad él era el que gobernaba el país, que tenía poder de decisión dentro del Gobierno, que se beneficiaba con contratos millonarios donde estaba involucrada la venta de oro y combustibles, que Paz conocía de todo esto y que hasta su esposa estaría moviendo hilos para beneficiarse económicamente; que habría parlamentarios que recibirían fuertes sumas de dinero para apoyar la gestión estatal a través de sus curules y votos. Fue poco más de diez minutos de entrevista, pero el país quedó sacudido con una intensidad mayor.
Los programas de televisión se volcaron en aquellas escenas, en las posteriores, en las repercusiones. En los testimonios de los diputados, en las reflexiones de los analistas, en los discursos de algunas autoridades de Estado que salieron a hablar del tema. En el intento de encontrar la verdad a las denuncias de Beller, que poco a poco fue soltando aún más la lengua y empañando al Gobierno, ya desgastado por la actual crisis económica y de carburantes.
Mientras tanto las investigaciones siguieron su curso. Cerimedo quedó detenido hasta el pasado viernes, cuando su audiencia cautelar se llevó a cabo luego de que se suspendiera la del jueves, fecha inicialmente programada, donde se vio al argentino llorar ante las decenas de cámaras y micrófonos que buscaban sus palabras. Se allanaron sus domicilios en La Paz, que eran más de tres, donde se encontraron altos montos de efectivo, así como documentación y aparatos tecnológicos que coadyuvaron al desarrollo del caso. Se revisó su celular, donde se encontraron conversaciones que abrieron la puerta a una posible ejecución de un plan para “eliminar” a Beller. Tras más de seis horas de juicio, la justicia decidía seis meses de detención preventiva en la cárcel de Palmasola para el argentino.
Así caía uno de los hombres más poderosos e influyentes de los últimos tiempos en Bolivia, un asesor que se movía más que todo en las sombras, pero que de tanto en tanto buscaba el protagonismo que destinaba ante todo a las figuras que llevó a la cima, entre ellos al presidente argentino Javier Milei y a Rodrigo Paz en Bolivia.
“El presidente debe dar explicaciones”, advirtió el vicepresidente Edmand Lara, ante el dedo señalador de Beller. Días antes el vocero presidencial José Luis Gálvez se cansó de repetir que Cerimedo era un trabajador “exclusivo de Rodrigo Paz” debido a que su nombre no figuraba en ningún apartado de las instituciones públicas. El primer mandatario solo ha aparecido, hasta el momento, en sus redes sociales para referirse al tema, donde pidió una “investigación profunda” para dar con los responsables del casi feminicidio de Beller.
Nadia, quien fue dada de alta el sábado, tras ser intervenida por los disparos que le afectaron principalmente un brazo, aseguró que este fue “un crimen de Estado y no pasional”. Horas más tarde uno de los presuntos sicarios se entregó a las autoridades y pronto se conocerá su versión del hecho. El caso avanza con cierta velocidad, con un reloj de bomba que al parecer todavía generará más impacto en el ya muy golpeado Gobierno de Paz.


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