Fotos: FIFA
Por: Rodrigo Villegas
Es la semifinal del siglo. Al menos la de mayor morbo, la de más contenido histórico. Se enfrentarán luego de veinticuatro años, aunque la que “de verdad cuenta” es la sucedida hace cuarenta años, cuando chocaron en cuartos de final del Mundial de Fútbol en México, donde se efectuaron dos de los momentos más brillantes de este deporte con uno de sus ídolos más importantes: los dos de Maradona, el de la mano de Dios y el más bonito de la historia del fútbol, cuando el argentino se llevó a cuanto jugador inglés tuvo por delante y anotó a la portería británica, con todo lo que significaba tras la guerra de las Malvinas. Ahora el protagonismo, inevitablemente, recaerá en el otro astro, el contemporáneo Lionel Messi, el heredero, que se verá frente a una Inglaterra con afanes de revancha, con la necesidad imperiosa de limpiarse de aquella mancha histórica. La moneda está en el aire.
El equipo blanco llegó hasta esta instancia de la mano de sus dos figuras, Harry Kane y Jude Bellingham, que en cuartos de final, jugados este pasado sábado, se llevó a Noruega, que con un Haaland previamente encendido no pudieron con un equipo inglés muy ordenado que solo necesitó de dos tantos de Jude, aunque uno en tiempo de alargue, para colocarse entre los cuatro mejores equipos del Mundial. Luego, como ya es característico de esta selección al finalizar un partido ganado, se acercaron a su fanaticada y cantaron Wonderwall, de Oasis, grupo musical de su país, abrazados, como símbolo de unión.
Argentina, por su parte, también fue a tiempo extra con una sorprendente Suiza que la llevó casi hasta los penales, cuando un remate muy esquinado y al ángulo de Julián Álvarez le dio la victoria al equipo albiceleste, con un Messi en su esplendor a pesar de su edad y, por eso mismo, en su seguramente última Copa del Mundo.
La tensión está servida: los ingleses han esperado cuarenta años para este momento (luego del 86 jugaron en 1998 y 2002, pero con una carga emotiva mucho menor y en instancias menos decisivas del certamen), para vengar a su patria de la humillación de aquel gol fantasma de Maradona, el que marcó con la mano, y luego aquella anotación maravillosa donde se arreó a todo el conjunto británico para clasificar a semifinales y luego ganar aquel trofeo histórico, el segundo en su haber luego de la conseguida en 1978 de la mano de Kempes.
Los argentinos, por su lado, todavía no olvidan Las Malvinas y auguran por un partido frenético, donde una victoria les permita clasificarse a la final, donde podría ocurrir otra revancha, la del 2022, con una Francia que hará todo lo posible para derrotar a una muy difícil España en la otra semifinal de este certamen.
El partido se jugará este miércoles por la tarde, donde toda la atención del mundo estará puesta en las pantallas de los televisores que transmitirán esta semifinal repleta de condimentos de todo tipo. “Es solo un partido de fútbol, no es para tanto”, declaró Lionel Scaloni tras la victoria contra los suizos, con el fin de reducir la presión y la expectativa, pero todos los que sabemos y nos apasionamos por el fútbol entendemos que esto será más que eso, que un simple encuentro deportivo. La historia latente se jugará, a su modo, en el césped. Y solo habrá un vencedor.


![[Crónica] El continente que gana y el continente que canta](https://unapalabra.net/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-11-at-5.27.03-PM-1-218x150.jpeg)
