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    [Análisis] Pacto preliminar entre EE. UU. e Irán ¿Qué significa en realidad?

    Por: Carlos Decker-Molina

    Hay cierta confusión sobre lo que significa realmente el acuerdo alcanzado entre Estados Unidos e Irán. Muchos consideran que la guerra terminó y que el estrecho de Ormuz volverá a la normalidad una vez que el pacto sea suscrito formalmente el viernes en Ginebra (Suiza).

    Sin embargo, lo firmado hasta ahora es apenas un acuerdo preliminar. Se abre un plazo de sesenta días para negociar el pacto definitivo, y en ese camino quedan asuntos extremadamente espinosos.

    Alto el fuego y fin de las operaciones militares

    Ambas partes han acordado cesar las hostilidades. El acuerdo definitivo será firmado en Ginebra con mediación de Pakistán.

    Sin duda, para la economía mundial lo más importante es la reapertura del estrecho de Ormuz. El efecto fue inmediato: tras conocerse la noticia, el precio del petróleo comenzó a descender y las bolsas, desde Asia hasta Occidente, reaccionaron con optimismo.

    El pacto preliminar establece que Irán se compromete a reabrir la principal ruta petrolera del Golfo Pérsico. No obstante, todavía existen minas marinas y daños en las infraestructuras, por lo que la normalización completa del tráfico marítimo podría tardar meses.

    El programa nuclear iraní

    Según el borrador filtrado a la prensa internacional, Irán se compromete a no fabricar armas nucleares y a no aumentar el nivel de enriquecimiento de uranio.

    En realidad, ello significa que Teherán seguirá enriqueciendo uranio, pero sin alcanzar niveles que permitan fabricar una bomba atómica. Es decir, una fórmula muy parecida a la acordada en 2015.

    Las reservas actuales serían diluidas o mantenidas bajo ciertas limitaciones. Pero el propio acuerdo preliminar deja claro que la negociación nuclear propiamente dicha continuará durante los próximos sesenta días.

    Sanciones y activos congelados

    Washington suspendería nuevas sanciones y levantaría gradualmente algunas de las existentes. Además, se estudia la liberación de unos 25.000 millones de dólares pertenecientes a Irán y congelados en el exterior.

    La depauperación de la economía iraní, agravada por las sanciones, constituye una de las principales razones de las sucesivas oleadas de protestas registradas en los últimos años. La inflación, la devaluación del rial y el deterioro del nivel de vida han erosionado la legitimidad interna del régimen.

    Los temas que faltan

    Lo que no aparece en el acuerdo preliminar es el final del programa iraní de misiles balísticos ni la financiación que Teherán proporciona a su red de aliados regionales, especialmente a Hezbolá, en el Líbano.

    Los observadores internacionales se preguntan si esos dos asuntos, precisamente los que llevaron a Donald Trump a abandonar el acuerdo de 2015, volverán a aparecer sobre la mesa durante los próximos sesenta días de negociaciones.

    Israel, el punto más delicado

    El gobierno de Benjamín Netanyahu mantiene reservas respecto al acuerdo y continúa actuando militarmente en el Líbano, lo que podría poner en peligro la estabilidad del entendimiento alcanzado entre Washington y Teherán.

    Los ministros más radicales del gabinete israelí ya han señalado que Israel no se considera vinculado por este pacto y que mantiene sus propios objetivos estratégicos.

    ¿Qué significa políticamente?

    Si el acuerdo se consolida, supondría un retorno —aunque en circunstancias muy distintas— a una lógica parecida a la del acuerdo nuclear de 2015. Irán conservaría un programa nuclear civil limitado y Estados Unidos relajaría las sanciones.

    No es una victoria total para Washington. Irán mantiene intacta su estructura teocrática. El cambio de régimen perseguido por algunos sectores estadounidenses no se produjo. Por el contrario, el movimiento democrático iraní aparece desalentado y muy crítico de la política seguida por Donald Trump.

    Irán ha sufrido enormes daños económicos y militares, pero conserva la continuidad de su Estado y mantiene su posición estratégica en torno al estrecho de Ormuz.

    En otras palabras, la guerra termina —por ahora— muy cerca del punto en que comenzaron las negociaciones, pues, Irán acepta límites y Estados Unidos acepta coexistir con la República Islámica.

    El fantasma del acuerdo de 2015

    Todo ello recuerda, con pocas variantes, al espíritu del acuerdo nuclear de 2015, del cual Donald Trump se retiró unilateralmente el 8 de mayo de 2018.

    Trump calificó aquel pacto de «horrible y unilateral». Sostenía que únicamente retrasaba la fabricación de una bomba atómica, pero no eliminaba la capacidad nuclear iraní. Además, consideraba que el acuerdo ignoraba dos cuestiones fundamentales, y son el desarrollo de misiles balísticos y el apoyo iraní a organizaciones aliadas en la región.

    Por ello lanzó la política de «máxima presión» y restableció las sanciones económicas contra Teherán.

    Europa, Rusia y China intentaron mantener vivo el acuerdo, pero las sanciones estadounidenses dificultaron enormemente las relaciones comerciales con Irán.

    Durante aproximadamente un año, Teherán continuó respetando sus compromisos. Sin embargo, a partir de 2019 comenzó a incumplir varias de sus obligaciones, por ejemplo aumentó las reservas de uranio enriquecido, elevó el nivel de enriquecimiento y volvió a poner en funcionamiento más centrifugadoras.

    La importancia histórica del acuerdo de Viena

    El JCPOA, firmado en Viena el 14 de julio de 2015 por Irán y el llamado P5+1 —Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido y Alemania— con la participación de la Unión Europea, fue refrendado por unanimidad por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas mediante la Resolución 2231, del 20 de julio de 2015.

    Jurídicamente, Donald Trump no podía anular esa resolución. Lo que hizo fue retirar a Estados Unidos del acuerdo y volver a imponer sanciones estadounidenses. Los demás firmantes continuaron considerando vigente el marco jurídico del pacto.

    Muchos diplomáticos consideran que aquel acuerdo fue uno de los mayores logros multilaterales desde el final de la Guerra Fría.

    Por eso, si el entendimiento preliminar alcanzado hoy prospera, la historia podría estar dando una vuelta completa. Después de semanas de guerra, enormes destrucciones y miles de muertos, Washington y Teherán parecen regresar al mismo punto del que se alejaron cuando Donald Trump decidió abandonar, en 2018, el acuerdo que hoy vuelve a proyectar su larga sombra sobre Oriente Medio.

    Pero … no todo está terminado. Si se llega a firmar el viernes, la continuación serán 60 días largos, espinosos y llenos de conflictos que han quedado en el tintero porque los actores de hoy, aunque parezcan los mismos, no lo son.

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