Foto: FUNDEP
Por: Pablo Peralta M.
Antes de su llegada, hasta el presidente se ocupó de él y de su vida sentimental, quizá en aras de quitarle peso e incidencia al revuelo de la visita. El escritor, Mario Vargas Llosa, estaba ideológicamente en la vereda de enfrente del entonces mandatario; por eso, poco sorprendió que el jefe de Estado lanzara un comentario relacionado con su vida privada.
“Si es cierto que Vargas Llosa se interesaba mucho por Bolivia, por la gente, ojalá que se dé tiempo de ir a visitar la tumba de la señora Julia y le lleve un ramo de rosas a una persona que tanto le ayudó”, expresó el entonces presidente Evo Morales, aludiendo a su primera esposa, la boliviana Julia Urquidi. El escritor evitó responder. Transcurría enero de 2014.
Tras su llegada a Bolivia, lo que sí hizo fue cuestionar, el día 23 de ese mes, el “camino equivocado” que había tomado el entonces gobierno de Bolivia, aunque remarcó que, si la mayoría de los bolivianos quería ese tipo de administración en el poder, él respetaba esa decisión porque creía en la democracia.
En la cúpula gubernamental se comentaba ante la prensa que la visita del escritor formaba parte de una estrategia diseñada por el gonismo para dar lineamientos a la oposición con miras a las elecciones que estaban próximas. En una rueda de prensa, el escritor rechazó que hubiera llegado a Bolivia a conspirar e ironizó: “Yo no sé ni quiénes representan la oposición a Evo Morales”.
El mismo día que pisó territorio nacional, el 22 de enero de 2014, participó en un coloquio con escritores, donde llegó a expresar: “La literatura, entre otras cosas, es una forma de protesta”. Un día después, dictó la conferencia “Desafío de la Libertad en América Latina”.
Pero no solo habló de literatura y política; también se refirió al tema marítimo. Por entonces, ya se había consumado la decisión del gobierno de demandar a Chile ante una corte internacional. En ese marco, Vargas Llosa sostuvo que el tema debía resolverse a través de negociaciones y no por la vía de un tribunal internacional porque “los fallos son inapelables”. El 1 de octubre de 2018, más de cuatro años después de esa advertencia, la Corte Internacional de Justicia falló en contra del petitorio de Bolivia y dictaminó que Chile no contrajo una obligación de negociar un acceso soberano al mar.
Su última parada fue recorrer las Misiones Jesuíticas de Chiquitos, donde expresó “Qué hermosa la vista” cuando vio el panorama que se alzaba frente a él al comenzar el trayecto. En su columna Piedra de toque reseñó su visita a ese lugar emblemático de Bolivia con las siguientes palabras: “Cuatro siglos después -de la llegada de los misioneros- se puede decir que la Chiquitania es una de las regiones más melómanas del mundo, donde la música barroca sigue tan viva y actual como en el siglo XVIII, matizada y coloreada de sabor local por unas comunidades cuya idiosincrasia concilia, de manera admirable, lo tradicional y lo moderno, lo artístico y lo práctico, el español y la lengua aborigen”.
Vargas Llosa fue el primer escritor en visitar Bolivia después de haber sido distinguido con el Premio Nobel de Literatura. Sin embargo, vista en perspectiva, aquella visita adquiere un significado especial por partida doble: representó el retorno al país donde transcurrieron los primeros años de su infancia, donde aprendió a leer y donde escribió los textos iniciales que más tarde definiría como “pre-literarios”; y, al mismo tiempo, terminó siendo su última estadía en territorio boliviano, antes de su fallecimiento en 2025.
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P.D. “Cuatro años, cuatro versos como éste como el mío / Cuatro besos del agosto frío / Cuatro sonrisas de inocencia pura como rosas cubiertas de blancura… Risas infantiles, abrazos y alegría / Que ninguna tristeza empañe el día de esta niña de dorados rizos y de ojos azules / Verla ahí con su cara feliz y contenta, con una sonrisa que viene del alma, con una mirada que infunde alegría, que induce a lo bueno, que induce a lo puro / Que vayan en estas líneas cubiertas de afecto y llenas de un cariño santo un saludo sincero por este tu día…”. De acuerdo con el testimonio de un primo suyo, Vargas Llosa escribió esos versos en 1949, a los 13 años de edad. Lo hizo en el reverso de una fotografía que regaló a una prima con motivo de su cuarto cumpleaños.


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