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    [Artículo] Vender a Goni

    Por: Pablo Peralta M.

    La reunión comenzó con un informe de Gonzalo Sánchez de Lozada sobre la situación de Bolivia. Enfrente, Goni tenía al equipo de consultores que iba a dirigir su campaña para las elecciones de 2002. Había tardado seis meses en decidirse y en afinar los detalles del contrato. No quería solamente encuestas y estrategia, sino un programa completo e integrado. Era el 29 de octubre de 2001.

    La primera impresión que tuvo de él Stanley B. Greenberg, estratega estadounidense, estuvo relacionada con su edad: 71 años. Frente a él tenía a un expresidente que buscaba llegar nuevamente al poder, con la idea de consolidar sus reformas y preservar su legado. Goni intuyó lo que estaban pensando los consultores y les indicó que por eso había contratado a los mejores, porque necesitaba un equipo capaz de hacerlo ganar pese a su edad.

    Esos pasajes están contenidos en el libro «Mi campaña con Goni», publicado en Bolivia en 2022. El texto corresponde, en realidad, a un capítulo que Greenberg escribió en 2009 para su libro «Despachos desde el frente: En las trincheras con cinco extraordinarios líderes» (2009), en el que relata su experiencia junto a cinco figuras políticas durante distintas campañas electorales.

    En la sala de las oficinas de la firma, en EEUU, aquella jornada, Goni comentó que nunca creyó ser “un elegido de Dios” o un “dechado de popularidad”. Ya después, Greenberg sabría que aquel político, que tenía una particular facilidad para hablar inglés, incluso con los matices del idioma, era consciente de que era “un producto difícil de vender”. Por eso el político había apostado por trabajar con estrategas que pudieran hacer realidad aquello.

    Entonces, Goni también les indicó que participaba en la carrera electoral porque quería consolidar los cambios que había impulsado durante su primer mandato, entre 1993 y 1997. “Estoy postulando porque quiero preservar mi legado y servir a mi país”, les expresó. El exmandatario, entonces máximo líder del MNR, les comentó que, cuando vio que su sucesor, el general Hugo Banzer, destruía “todo” lo que había hecho en su primera gestión, el postularse “se convirtió en un imperativo moral”.

    Greenberg reseña: “Creía que había ‘instituido el cambio revolucionario’, que para él significaba un ‘cambio radical que no puede ser revertido’. Decía que (con todos sus) ‘estudios de la dialéctica y el materialismo dialéctico (…) olvidé que existe la contra-revolución’”.

    En ese encuentro con los consultores, Goni trazó la forma en que abordaría la elección: un hombre de negocios que enfrentaba cada problema con la mayor cantidad de información posible, sopesando las alternativas y probabilidades. “Una forma de razonamiento analítico que él asociaba con su experiencia norteamericana. Para sus negocios, él siempre contrataba a abogados norteamericanos”.

    Aquella jornada, a las ocho de la noche, los directivos se levantaron y se dirigieron hacia una habitación contigua para “clarificar el contrato”. Los detalles ya habían sido definidos con anterioridad. Goni les recordó algo a los estrategas: “ustedes resultan muy caros”. Además, les subrayó que iban a trabajar para alguien que dedicaba la misma cantidad de tiempo a tratar asuntos de mil dólares que de un millón.
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    P.D. “De Lozada logra una ajustada victoria electoral en Bolivia”, tituló El País de España aquel 6 de julio de 2002. Esa jornada, el rotativo reportaba que Gonzalo Sánchez de Lozada estaba obligado a negociar una alianza en el Legislativo si deseaba alcanzar el poder. El 6 de agosto de ese año, juró a la presidencia. En octubre de 2003, renunció.

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