Foto: José Fernández
Por: Rodrigo Villegas
Juan Carlos Salazar (Tupiza, 1945) navega entre el periodismo y la literatura con el conocimiento y agilidad de un experimentado: se mueve entre ambas arenas con la soltura y dedicación de un orfebre, de alguien que elige cada palabra como el rigor con la que se decide a publicarla. No por nada, entre otros galardones, fue reconocido con el Premio Nacional de Periodismo en 2016 y ahora, afianzando su camino hacia la ficción, publica su segundo libro de cuentos, que bautizó como Presagios (Plural, 2026).
El Gato, como es conocido por sus amigos y cercanos, lleva una barba ahora blanca y dos ojos brillantes que observan con certeza, pero que parecen, también, incluir un cariño. “Escribo para ganar amigos”, dice con la liviandad de quien está tranquilo con lo conseguido en los años de carrera, de trabajo, de sacrificio: “Creo que la realización personal consiste en vivir de lo que te gusta hacer. Y yo he tenido ese privilegio, vivir de lo que me gusta hacer: escribir”.
Y es así: Salazar es cofundador de la Agencia de Noticias Fides (ANF), en 1964, y miembro del equipo fundacional del diario Hoy de La Paz, en 1969. Tras realizar diversas labores en Europa, regresó a Bolivia para dirigir el periódico Página Siete, desde 2013 a 2016. Ingresó a la Academia Boliviana de la Lengua en septiembre de 2024 (silla Ñ) con el discurso “Periodismo y literatura, orillas de un mismo río”, donde la respuesta estuvo a cargo de Mariano Baptista Gumucio, decano de la institución. Es autor de Semejanzas (Plural, 2018) y Genio y figura (Plural, 2024), libros de semblanzas de personajes que conoció a lo largo de su carrera profesional, y de A la guerra en taxi (Plural, 2023), sobre su experiencia en la cobertura de conflictos armados en América Latina. Es coautor de los libros de crónicas La guerrilla que contamos (Plural, 2017) y Che: Una cabalgata sin fin (Página Siete, 2017), sobre la cobertura de la guerrilla del Che en Bolivia, y Prontuario (Editorial 3600, 2018). Su primera incursión en la literatura de ficción se dio con el libro de cuentos Figuraciones (Plural, 2021).
A raíz de la presentación de esta su más reciente obra, una colección de cuentos que, en palabras del también escritor Carlos Decker, “dejan al lector con la sensación de querer más” y donde “su permanencia radica en su atmósfera; porque, en el fondo, todos compartimos la misma inquietud: saber qué ocurrirá mañana”, Salazar responde a unas cuantas preguntas, donde relata la génesis de esta obra, así como la raíz de su amor por las palabras escritas, ya sea en el campo de la literatura o del periodismo. “No se puede elegir entre dos hijos”, resalta, atrincherándose en la ruta de las letras, por donde quiera que vayan.
1.- ¿Cómo nació el proceso de construcción del libro Presagios? Es decir, hace cuánto que la tenía en mente. ¿Cómo fueron apareciendo las historias, los personajes y/o los escenarios de los relatos?
R.- Como idea, hace cuatro años, tras la publicación de mi primer libro de cuentos, “Figuraciones”. Los personajes y los escenarios fueron apareciendo poco a poco. Unos se quedaron, otros desaparecieron. Los que quedaron tomaron forma el año pasado, en un proceso lento de escritura y reescritura, un juego de quitar, poner y pulir frases y palabras. Las historias surgen en el proceso, a partir de un personaje, un escenario, una idea o simplemente una imagen: un almanaque, un bolero, un libro antiguo o un animalito aparentemente inofensivo, con una “música de fondo”, que es la que da coherencia a las historias, que en el caso mi último libro son los presagios, las premoniciones.
2.- Este es su segundo libro de cuentos. ¿Qué le gusta más de este género?
R.- La posibilidad de transmitir vivencias, imágenes, sensaciones y percepciones que no tienen cabida en una crónica periodística y, menos aún, en una noticia, debido a que las reglas periodísticas son demasiado rígidas. Y también por la muy humana necesidad de fabulación, el deseo íntimo de inventar mundos que añoramos y que no acaban de llegar. Así nació mi primer cuento, “El espejo”, sobre la agonía del Che Guevara. ¿Cómo contar sus últimos segundos de vida? Solo a través de la ficción.
3.- Usted tiene una larga y destacada carrera en el periodismo. ¿Cómo separa este oficio del de la escritura de ficción? ¿Hay una simbiosis entre ambas?
R.- Como decía un amigo periodista, Manu Leguineche, el periodismo y la literatura son orillas de un mismo río, la narrativa, que es la mejor descripción de la simbiosis de ambos lenguajes. Otro periodista que navegó en ambas aguas, Jorge Suárez, dijo alguna vez que son “dos formas de escritura, dos formas de habitar el mundo”. Periodismo y literatura son hijos de la misma madre, dos caras de la misma medalla. El periodismo nació para contar historias. El género que adoptó desde épocas tempranas fue el de la crónica, un formato que también está en el origen del relato literario.

4.- Si tuviera que elegir entre el periodismo y la literatura, ¿con cuál se queda?
R.- ¿Un padre puede elegir entre dos hijos? Al cruzar a la “otra orilla” de la narrativa, la ficción, pensé que dejaría el periodismo, pero no fue así. Después de los cuentos de “Figuraciones” publiqué un libro de crónicas (“A la guerra en taxi”) y otro de semblanzas (“Genio y figura”). Ahora mismo estoy trabajando en otro libro de crónicas.
5.- ¿Cuál es el recuerdo más feliz de su infancia?
R.- Mis correrías entre los sauces, los molles y los maizales de mi pueblo, Tupiza; mis primeras lecturas en la escuelita “7 de Noviembre”, donde aprendí a leer y escribir, y mi encuentro con el Almanaque Bristol, al que le dedico un cuento en “Presagios”.
6.- ¿Cómo decidió dedicarse al periodismo? ¿Cuándo y cómo vislumbró la llamada del oficio?
R.- Me inicié en la radio y la agencia Fides, cuando no existían carreras de Periodismo ni Comunicación Social. Era la época en que los periodistas se forman en las redacciones de los periódicos. Mientras trabajaba en Fides, estudié un año de Geología y tres de Derecho. Cinco años después, ingresé al Instituto Superior de Ciencias y Técnicas de la Opinión Pública de la Universidad Católica, antecedente de la actual Carrera de Comunicación Social, del que soy su primer egresado.
7.- Usted también da clases a estudiantes universitarios. ¿Cómo los ve actualmente? ¿Siente una diferencia con las generaciones pasadas que deseaban dedicarse al periodismo?
R.- Estamos viviendo un momento de crisis o transición a causa de la revolución tecnológica. No es la primera vez. Ha ocurrido siempre en momentos de cambios tecnológicos significativos, aunque esta vez el choque sea más dramático por el auge de Internet y la “guerrilla cibernética” de las redes sociales, que han cambiado paradigmas y referentes. Los medios están cambiando como soportes de la información, pero la elaboración de los contenidos sigue siendo objeto del periodismo y su producción continúa en manos de los periodistas.
No es la tecnología ni las técnicas que emplean los periodistas los elementos que definen el periodismo, sino los principios éticos que lo guían y la función que desempeña en la sociedad y en la vida de todo ciudadano. La tecnología es una herramienta, pero no puede sustituir al periodismo. Cuando alguien me pregunta qué hacíamos los periodistas cuando no había Internet ni computadoras ni celulares, yo le respondo: ¡Hacíamos periodismo!, porque estábamos obligados a acudir al lugar de los hechos y contar lo que veíamos sin intermediarios. Es lo que tenemos que hacer. Volver a la esencia del periodismo. Solo el buen periodismo salvará al periodismo.

8.- ¿Cuáles son sus tres o cinco libros favoritos? Los que más lo han inspirado y a los que, tal vez, ha regresado en más de una ocasión.
R.- Tengo autores favoritos, a los que leo y releo. Últimamente a Juan Rulfo, Horacio Quiroga, Julio Cortázar y Jorge Luis Borges. En el caso de los bolivianos, debido a mi ausencia de 40 años, estoy disfrutando a los clásicos, como Óscar Cerruto, Jorge Suárez, Adela Zamudio, Jesús Urzagasti, como si los leyera por primera vez.
9.- ¿Cuál es su plato favorito? El que, digamos, pediría comer cada cumpleaños.
R.- No tengo uno especial, pero sí antojos: saice, falso conejo, silpancho…
10.- ¿Cómo nacen las historias que luego lleva al papel? Es decir, ¿es un escritor de imágenes? ¿Le gusta más dejarse llevar por la historia y los personajes o le gusta tener ya la estructura bien armada antes de iniciar un proyecto?
R.- Como dije, en una idea, una imagen, un escenario o un personaje, que van construyendo su propia historia. Primero, el sujeto; después, la historia. Nunca escribo nada si no sé cómo empieza y cómo termina la historia. Si no concibo el principio y el fin, no la escribo.
11. ¿Por qué escribe? Es decir, ¿por qué le dedica tiempo y energía a esto?
R.- Creo que la realización personal consiste en vivir de lo que te gusta hacer. Y yo he tenido ese privilegio, vivir de lo que me gusta hacer: escribir. Dediqué mi vida profesional a describir el mundo real desde la crónica y el reportaje. Ahora lo hago desde la literatura, seguro de que la ficción cobra vida cuando la imaginación desvela lo que la realidad oculta. Los escritores suelen decir que escriben para sus amigos. Yo lo hago para ganar amigos.

12. ¿Nos puede contar uno o dos de los recuerdos, de los muchos que tiene, más memorables de su carrera periodística?
R.- Recuerdo con mucha nostalgia mis primeros años en el periodismo, como mi cobertura de la guerrilla del Che Guevara en Bolivia, un hecho que marcó mi vida personal y profesional.
13. ¿Qué les diría a los jóvenes escritores y periodistas que desean persistir en esos oficios en estos tiempos de incertidumbre económica y política, donde la tecnología se ha convertido en un punto más de competencia en el ámbito laboral? ¿Qué podría recomendarles?
R.- Yo soy optimista. No soy de los que apuestan por la inminente muerte del periodismo a expensas de la tecnología. Ni la radio mató a la prensa escrita ni la televisión mató a la radio. La tecnología es un instrumento, pero no puede sustituir al periodista. Cambian los soportes, es cierto, pero no la esencia de nuestro oficio. El escritor guatemalteco Augusto Monterroso se consagró como el autor del cuento más corto de la historia de la literatura en español, El dinosaurio, un texto de apenas siete palabras y 50 caracteres: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí”. Si el centenar de caracteres de un post basta para escribir un cuento de la complejidad, concisión y belleza de El dinosaurio, ¿por qué no ha de ser posible redactar una pieza periodística de calidad dentro de los mismos límites digitales?


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