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    [Artículo] Una censura singular

    Por: Pablo Peralta M.

    Fogueado en las radios mineras, había pasado por el canal estatal durante el gobierno de la UDP. Todo ello, sumado a sus colaboraciones escritas, hacía ineludible el nombramiento. En el V Congreso del Partido Comunista de Bolivia (PCB), en 1985, el militante fue nombrado director del semanario “Unidad”, periódico de esa tienda política.

    Sin embargo, el nombramiento estuvo acompañado de la designación de un encargado de supervisar la línea editorial del rotativo. A él debía consultarse los temas que se iban a publicar en el periódico. “Era claramente una muestra de censura, producto de la desconfianza política e ideológica hacia el director nombrado”.

    Las líneas las escribe Carlos Soria Galvarro, Premio Nacional de Periodismo y protagonista de esta historia. El autor plasmó ese pasaje en “Recordatorio: Estampas de la segunda mitad del Siglo XX”, un libro que publicó en 2022.

    ¿Pero por qué la desconfianza? Soria Galvarro representaba a la corriente renovadora y crítica al interior de ese partido, integrada principalmente por exdirigentes de las juventudes del PCB. Al frente de esa tendencia estaban otras dos corrientes: la primera, conformada por dirigentes tradicionales, “apoltronados en posiciones reformistas y claudicantes”, y cuya principal fuente de poder era la relación que tenían con el Partido Comunista de la Unión Soviética; la segunda, conformada por “dirigentes sindicales”, principalmente mineros y fabriles.

    En el V Congreso del PCB salieron a relucir las tres tendencias e, incluso, la corriente renovadora casi logra el máximo cargo dirigencial del partido, pero, en aras de la unidad, terminó declinando esa aspiración. Después de ese congreso, en la distribución de responsabilidades, Soria Galvarro fue nombrado oficialmente director de Unidad, aunque —como se dijo— con un censor.

    Todo iba bien hasta el número 636 del semanario. A la mesa de redacción de “Unidad” llegó un “balance descarnado” del V Congreso del PCB, cuya redacción había sido realizada por el Comité Regional de Cochabamba. El director del periódico estaba en una disyuntiva, dado que consultar al supervisor significaba que la pieza no iba a entrar en el cuerpo del periódico. Por otro lado, publicarlo saltándose al censor podría abrir un periodo de debate al interior del partido.

    Al final, tras un encuentro amistoso, el autor y otros camaradas decidieron correr el riesgo y publicarlo. Ocurrió lo que menos querían. El supervisor y el aparato mandaron a incautar todo lo que se pudiera de la edición y se convocó a una reunión de emergencia del comité central. El protagonista de esta historia fue suspendido de la dirección de Unidad y excluido del comité central. “En los días siguientes fuimos pública e ignominiosamente expulsados del partido”.

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    P.D. Don Juan León alguna vez escribió en su columna que el poder de los medios de comunicación radica en el impacto de sus mensajes en la opinión de la gente. Lo fundamental es el contenido, no el continente, indicaba. Agregaba que la misión específica del periodismo era poner sobre la mesa temas con total fundamento. El 10 de mayo fue el Día del Periodista, una jornada para recordarlo.

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