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    [Artículo] La democracia que yo conocí

    Por: Pablo Peralta M.

    La fecha no fue casual. El general la eligió por su carga simbólica vinculada con la concertación. “El 10 de octubre es el día de la reconciliación, reconocida incluso por la Biblia”, llegó a afirmar. Por ello, decidió entregar la banda presidencial ese 10 de octubre de 1982 a Hernán Siles Zuazo, con la esperanza de que la jornada transcurriera sin desmanes y aguardando que la transición democrática no derivara en violencia.

    El general Guido Vildoso sucedió en el mando a Celso Torrelio. Asumió la Presidencia tras un periodo turbulento, entre 1978 y 1982, marcado por elecciones, golpes de Estado y gobiernos transitorios. Con esos antecedentes, adoptó recaudos para impedir que su gestión fuera abruptamente interrumpida; en otras palabras, buscó evitar ser derrocado.

    “Previamente hice una consulta institucional… yo busqué que en mi entorno y en las FFAA no hubiera una sola persona en desacuerdo conmigo. Yo les dije: ‘si ha de haber un solo comandante de División que no esté de acuerdo con mi nominación, yo renuncio. Yo voy a ocupar la presidencia si hay un consenso institucional’. Y lo hubo”, comenta.

    Sus palabras están contenidas en la entrevista “Yo busqué redimir a las Fuerzas Armadas”, que forma parte de “30 años de democracia en Bolivia”, un libro publicado en 2012, editado por Raúl Peñaranda y otros autores.

    El general consideraba que, de no haberse buscado el consenso, Bolivia habría llegado a la democracia, pero a un elevado costo social. Lo afirma de manera directa: “Hubiera habido más derramamiento de sangre, porque probablemente íbamos a desencadenar una guerra interna, una guerra civil”.

    No obstante, no todo navegó en aguas serenas en las Fuerzas Armadas después de entregar el poder. Algo ocurrió tras bambalinas. El general detalla que “hubo muchas situaciones de venganza”, en alusión a las purgas que se llevaron a cabo al interior de esa entidad castrense. “Ese fue el primer pago que hizo la democracia contra la institución”.

    Detalla que hubo efectivos que fueron purgados con el pretexto de haber sido seguidores de Banzer, Padilla o García Meza. El propio general revela que fue víctima de una purga, ya que fue enviado a la reserva activa a los 45 años: “Vieron en mí un fantasma. Vieron que les perjudicaría en sus aspiraciones, porque yo podía ocupar aún muchos cargos. Tenían celos. Además, yo también destaqué en lo político”.

    Al hacer un balance de la democracia y cómo la ve en la actualidad: “Durante este tiempo han tenido que suceder una serie de eventos, desde la época del doctor Siles hasta el actual gobierno. Ahora la democracia es mucho más amplia. Ya no es la democracia representativa que yo conocí. Ahora veo una democracia directa, amplificada, participativa. Se ha incorporado una serie de cambios, muchos de ellos en los órganos Ejecutivo y Legislativo”.

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    P.D. Entre 1978 y 1980, Bolivia atravesó tres elecciones y tres golpes de Estado de manera consecutiva. El país vivió atentados, explosiones y el asesinato de líderes políticos. Así se abrió paso el retorno de la democracia: entre balas y papeletas de colores —las boletas que se utilizaban antes de la actual papeleta multicolor—, entre la incertidumbre y el desasosiego, y entre los actores políticos y las Fuerzas Armadas.

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