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    [Crónica] Un refugio de libros: La Audacia, el sueño de Wara

    Por: Rodrigo Villegas

    Es un refugio. Las paredes están pintadas de colores brillantes, que relucen más con el sol de la mañana o del atardecer. Está al lado de Rayuela, un conocido café de la zona Sur que tomó su nombre de la famosa novela del escritor argentino Julio Cortázar. Es una casualidad hermosa: su vecina es La Audacia, una de las librerías más bonitas de la ciudad de La Paz y un espacio en el que, al menos por los minutos (u horas) que te quedes ahí dentro serás bien recibido por los libros, esos amigos incomparables que hacen de nuestra vida un lugar un poquito (o mucho) mejor.

    Su dueña es Wara Godoy, que llega vestida con una polera de la Selección de Japón, la que tiene grabada en sus colores azules los rostros de decenas de personajes de anime. Llega, también, con salteñas y una Coca Cola bajo el brazo. La Wara es así, una persona muy gentil, con una sonrisa amplia y una mirada directa.

    Me hace pasar a La Audacia, su librería, ubicada en la calle 10 de Obrajes, en la avenida Héctor Ormachea, que nació hace ya tres años como un negocio de venta de libros online y que antes de llamarse así, un año después, fue bautizada como Falso Afán.

    “Lanzamos aquel emprendimiento mediante la vía digital en la que, con la participación de otra amiga librera que vivía en Argentina, ofrecíamos libros que eran un tanto difícil de encontrar en el país y que fueron rápidamente comprados por los lectores. Luego, un año más tarde, me decidí a independizarme y lanzarme de una con una librería propia. Con Falso Afán el trabajo era algo así como de medio tiempo. Yo quería entregarme del todo, con horarios de ocho horas o más (ríe) a esto, al trabajo de distribución de libros”.

    *

    Libros, cientos de libros a disposición. Desde clásicos como Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, o Ficciones, de Jorge Luis Borges, hasta lo más reciente de la literatura nacional, novelas y libros de cuento o poesía de autores contemporáneos. Hay para elegir. Todos atentamente acomodados en sus estantes, a la espera de las manos que los toquen, a los ojos que las lean.

    La librería cuenta con un estilo muy propio, que se nota se ha ido marcando de a poco. Cuadros de diferentes artistas nacionales e internacionales, en donde la mayoría invita a leer o a ingresar al mundo de los libros, pintan los alrededores de La Audacia. Su segundo piso, por el que se llega a través de unas pocas gradas de madera, contiene una mesa larga, sillas y sillones. Aquel espacio cumple, principalmente, dos funciones:

    “Acá hacemos presentaciones de libros, charlas, tertulias o debates. Pero, también, funciona como un espacio de interacción para niños y niñas, donde llegan y se quedan largo rato, con la venia de sus padres, a leer, colorear o solamente observar libros. Es una manera en la que pueden acercarse a sus primeros cuentitos o historietas, donde eligen lo que quieren leer. También se lleva a cabo un club de lectura infantil dirigido por la escritora Mariana Ruiz. Es muy lindo, aunque agotador, estar con ellos, verlos ser felices juntos en este espacio pensado para ellos”.

    En varios estantes y cajones se ven varias revistas, libros y otro tipo de material de lectura infantil, destinados a ellos, a los pequeños. Acá, seguramente, nacerá más de un lector empedernido. Y escritores y escritoras. Así nomás es: primero es un libro, luego otro y otro. Después quieres hacer uno mismo tú. Así funciona.

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    La Wara se dedicó a libros, me cuenta, porque encontró en ellos un refugio, un lugar en el cual sentirse entretenida ante los eternos dilemas del día a día. Comenzó con cómics: recuerda con cariño el C+C, sector de la Fundación Patiño donde iba a leer V de Vendetta u otras historias similares. Pero también por los fanzines, materiales de lectura a las que encontraba una diversidad muy particular.

    “Hay un autor argentino que me encanta que se llama José Sbarra, es un autor al que siempre vuelvo porque sus libros como Plástico cruel o Mal amor me encantaron las primeras veces que llegué a ellos. Otra novela que me encanta es Sagrada arrogancia, de Wolfango Montes; también me mueven mucho la cabeza los libros de fotografía de Daniela Alarcón, joyas a las que siempre recurro para tener otra dimensión de lo que pasa en el planeta. Ah, también soy fan de Persépolis, de Marjane Satrapi”.

    Wara, como una buena parte de los libreros del país y del mundo, es ante todo una lectora. Conoce lo que vende, pero antes lo que le importa, lo que la conmueve. Claro, otra cosa es dedicarse completamente a ellos, siempre una tarea titánica, más aún en estos tiempos de precariedad económica.

    “La Audacia nació por una necesidad de generar un proyecto propio en el que los libros sean el pilar de una comunidad. Claro, para que exista como tal tuve que recurrir, como casi todos los emprendedores, a esfuerzos económicos y hasta préstamos, a ir nutriendo de a poco la librería, de ir conociendo a mis caseros y a gente que eventualmente se fue acercando a libros a su forma. Es muy lindo cuando los niños que vienen acá me cuentan que ya van por su décimo libro adquirido, felices de llevarse uno más. A pesar de que, como cualquier trabajo, se busca una retribución económica, la respuesta emocional igual es muy hermosa. En este febrero cumplimos dos años. Estoy muy feliz por eso”.

    *

    ¿Se puede vivir de la literatura?

    Wara responde: “Es muy complicado, la mayor parte de las personas que escriben lo hacen por una necesidad casi patológica de estar ahí, entre las palabras. Ya como librera, en La Audacia, para seguir adelante, además de la venta de libros, también se participa en ferias, como la FIL La Paz, pero también se busca otros canales de ingreso. Todo lo que orbita alrededor de la librería permite que La Audacia siga en pie. Se puede vivir de esto, pero se necesita una dedicación de tiempo constante”.

    Wara renunció en la pandemia del COVID a un trabajo “de oficina”, donde ejercía como bibliotecaria. La cuarentena la ayudó a ver las cosas de otra forma, a entender la velocidad de las horas, a comprender la vida como algo que eventualmente se termina más pronto que tarde. Se lanzó con Falso Afán y ahora avanza en La Audacia. Con el tiempo conoció a más libreros, algunos que llevan más de treinta años en el oficio, quienes siempre la apoyaron y la convencieron que la venta de libros también implica ciclos, etapas en las que va mejor u otros no tanto.

    Cumplir los sueños consiste en eso, pienso, trabajar por ellos y ante todo persistir. Estar en las buenas y, más que todo, en las malas.

    *

    Wara se recuerda como una niña y adolescente pegada a ciertas normas propias, a momentos de un casi enloquecimiento por el orden, a un carácter extrañamente rígido donde los sonidos fuertes la incomodaban y la ponían de mal humor. Con el paso de los años se fue “relajando” y entendiendo que el mundo era más ancho y ajeno de lo que imaginaba. Recuerda con cariño y tristeza a un tío que la involucró a su modo en el libro de libros y museos, pero que falleció cuando ella era todavía adolescente y la marcó.

    “En la adolescencia tuve una experiencia muy interesante que se dio cuando me decidí a cambiarme de colegio en la promoción, donde conocí a chicos y chicas con los que me entendía mejor, con quienes pude conectar de mejor forma para tener un panorama más grande de lo que era el mundo. Era una escuela con alumnos de alma más libre, que no tenían la mente tan rígida, que a veces pasa en otras instituciones educativas. A su modo, me enseñaron a ver las cosas con otra óptica”.

    Wara siente que ha cambiado mucho en los, digamos, últimos diez años.

    “Antes buscaba mucha estabilidad. Ahora busco algo así como lo inverso. No digo que busco la destrucción (ríe), pero sí estoy decidida a vivir una incertidumbre de la mejor manera posible. Hace unos diez años una de las recompensas que más buscaba era el sueldo seguro y todo lo que eso conlleva; hoy por hoy voy por otro camino. Me siento bien, en un lugar donde el futuro a largo plazo no es algo que me abrume, sino que busco otras formas de construir una vida, estoy disfrutando mucho de esta etapa, un día a la vez”.

    El futuro, siempre el futuro.

    “Me gusta pensar que La Audacia seguirá creciendo, con un sector especializado en literatura infantil para que los niños y niñas sigan llegando a los libros. También me encantaría que La Audacia siga viajando, ya que se logró participar en diferentes ferias nacionales y hasta internacionales. Y que la vida me dé salud y fuerza para continuar con este proyecto, al que le doy todo de mí”.

    Al salir de la librería me topo con un gato negro y blanco pintado en el mural, acompañado de la palabra libro en varios idiomas, al lado de la puerta de vidrio donde una campanilla anuncia tu ingreso a un mundo repleto de libros, novelas, cuentos, ensayo y poesía que puede cambiarte la vida de una u otra forma.

    A la Wara lo ha hecho. Larga vida a La Audacia.

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