Por: Rodrigo Villegas
La madrugada del sábado 3 de enero de 2026 Estados Unidos ejecutó bombardeos en Venezuela, la invadió. Lo anunció, horas más tarde, el mismo Donald Trump, presidente del país norteamericano. Relató, con el pecho inflado, que un despliegue militar “nunca antes visto”, que se había desplazado por tierra, aire y por mar, había ingresado al territorio venezolano para capturar al mandatario Nicolás Maduro. “Lo hicimos”, anunció. Horas más tarde, como muestra de vida, el mismo Trump, a través de su red social, publicaría la primera fotografía oficial de Maduro, vestido con un deportivo gris y con los ojos vendados, supuestamente en el avión que lo estaría trasladando hasta Estados Unidos, donde debería “responder ante la justicia” por presuntos delitos de narcotráfico.
Trump había cumplido con su promesa, con lo que había anticipado los meses pasados a través de una escalada en el acoso a Venezuela, con bombardeos a lanchas que pasaban por el Caribe debido a que, según Trump, iban cargadas de droga. Hubo muchos muertos. Luego vinieron los anuncios más directos de “una recuperación del petróleo robado”, que supuestamente Venezuela le había quitado a Estados Unidos. El ejército norteamericano se había ido acercando cada vez más y más a territorio venezolano, hasta que consolidó su intervención.
“Ahora nosotros nos haremos cargo de Venezuela, la gobernaremos y dirigiremos hasta que se logre una transición política ordenada”, expresó sin ambages Trump en una conferencia de prensa, donde advirtió que los líderes opositores venezolanos, donde destaca María Corina Machado, “no tienen el respeto de su nación como para hacerse cargo de su país”. Los hacía a un lado.
“Muchas empresas petroleras nuestras ingresarán ahora a Venezuela”, también dijo el mandatario estadounidense, sin despeinarse. “Petro (el presidente de Colombia) tiene que cuidarse el trasero”, advirtió, como si predijera, sin temor alguno, una nueva invasión a otro país sudamericano.
Antes, a lo largo de la mañana, los distintos mandatarios del mundo habían expresado su opinión acerca de este incidente. El presidente de Chile, Gabriel Boric, y el de Brasil, Lula da Silva, fueron de los pocos que condenaron el actuar de Estados Unidos. Por su parte, el dignatario argentino Javier Milei y el de Ecuador, Daniel Noboa, celebraron la captura de Maduro, el primero con su famosa frase “Viva la libertad carajo”.
Bolivia no fue la excepción. El Gobierno de Rodrigo Paz se expresó, a través de la Cancillería, y apoyó, aunque un tanto tímidamente, la invasión de Estados Unidos a Venezuela.
Las opiniones de la gente, que desbordaba las redes sociales conforme la noticia se iban actualizando, eran variadas. Algunos condenaban enérgicamente la invasión estadounidense, apelando a los tratados internacionales y a la soberanía de los pueblos. Otros aplaudían la acción ordenada por Trump, asegurando que era el fin de Nicolás Maduro, calificado más que todo como un dictador.
También se vieron decenas de videos de varios países del mundo donde residentes venezolanos salían a las plazas a celebrar la aprehensión de su presidente, argumentando que Maduro había consolidado un fraude monumental en las pasadas elecciones presidenciales, y donde, ya desde hace muchos años, había instalado un régimen de miedo y totalitarismo, además de la delicada situación económica.
Horas más tarde, ya en la noche, se publicaron nuevos videos en los que se veía otra vez a Maduro, esta vez escoltado por decenas de funcionarios policiales cuando bajaba del avión que lo había llevado hasta territorio norteamericano y donde sería trasladado a Nueva York, donde pasaría la noche en una cárcel de máxima seguridad y donde, el lunes, sería juzgado por los delitos por los que se lo acusa.
Trump comentó, feliz, que no se habían reportado bajas entre los soldados estadounidenses del grupo armado. Horas más tarde, el New York Times reportó que al menos cuarenta venezolanos habían fallecido en la intervención.
“Maduro intentó ingresar a un búnker, pero no le dimos tiempo a eso”, detalló Trump.
Otra vez las redes sociales: laikes y otro tipo de emoticones. Cientos de comentarios a favor, otros tanto en contra.
¿Qué sucedería ahora con Venezuela? Ya muy de noche, las autoridades electorales y de justicia de aquel país anunciaron que, tras la captura de Maduro, la nueva presidenta sería Delcy Rodríguez, que hasta hace poco continuaba como vicepresidenta. Donald Trump anticipó que era mejor que se plegara a lo ya realizado por su país y que no complicara más las cosas, ya que podría sucederse un segundo ataque. Las autoridades militares y políticas chavistas siguen reunidos, sin tomar una postura clara ante lo acontecido.
Por último, los gobiernos de China, Rusia e Irán han condenado la captura de Maduro y han exigido su liberación. Pero es algo que difícilmente suceda. Trump no soltará a su botín de guerra, a su presa. Lo mostrará, así como ya lo hizo en sus redes, como un tigre al que se le encierra en la celda de un zoológico personal.
Solo los días venideros darán luz al nuevo escenario geopolítico que se terminará por consolidar. Todo está en las manos de Trump. Lastimosamente es así.


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