Imagen: Antonio Araníbar, Jaime Paz y
Hernán Siles Zuazo. La política como
opción de vida.
Por: Pablo Peralta M.
Un joven político está en Caracas (Venezuela) con una misión singular. Frente a él está uno de los líderes de la Revolución. No son los años 50. El calendario marca el 6 de enero de 1978, una jornada para recordar. Ambos se aprestan a sellar un documento que marcará el espectro político de fines de los años 70 y principios de los 80, y la historia democrática de Bolivia.
El joven de esta historia es Antonio Araníbar, entonces uno de los líderes del MIR y quien la pasada semana fue homenajeado por Diputados por su trayectoria y lucha por la democracia. El caudillo es Hernán Siles Zuazo, líder de la Revolución del 52 y máxima autoridad de lo que entonces se denominaba el MNRI. El documento suscrito por ambos quedó para la posteridad con el nombre del “Pacto de Caracas”.
Ese acuerdo, en el fondo, fue la puesta en práctica de la tesis mirista del “entronque histórico”, que se expresó en una estrategia para tender puentes hacia las banderas del 52, sobre la base de la conclusión de que el proceso iniciado en la Revolución seguía vigente.
Araníbar, en su libro “La política como opción de vida”, expresa de forma nítida los motivos del acuerdo: “La idea de la alianza con Siles y su fracción política, no era solo un cálculo de oportunismo político. Detrás de ella estaba la teoría del entronque histórico, que le daba consistencia y perspectiva estratégica. Necesitábamos de aquel injerto político para subirnos al carro de la historia”.
Lo que derivó en el Pacto de Caracas se inició un año antes, en el 77, en un seminario que llevó adelante la cúpula del MIR en Achocalla (La Paz), donde los dirigentes de ese movimiento político reconocieron que el proceso iniciado en el 52 “no era un fenómeno agotado”. ¡Y era ya 1977!
La tesis del “entronque histórico” no solo fue una teoría, sino que también se tradujo en una estrategia política. Los dirigentes miristas constataron que, en las urnas, en unas elecciones venideras tras el fin de la dictadura, el principal adversario sería, paradójicamente, el MNR, el partido dirigente de la Revolución, y entonces apuntaron a evitar que Víctor Paz Estenssoro y Siles Zuazo se unificaran.
“Había que actuar para impedir que esto sucediera: poner una cuña entre Siles y Paz, e impedir así que un MNR unido hegemonizara el campo político”, indica Araníbar en el libro citado.
En pos de ese objetivo, Araníbar salió del país para visitar a su familia, que se encontraba en Lima (Perú), y además concretó reuniones con dos figuras del MNR: Siles Zuazo y Juan Lechín. El segundo, al final, no aceptó sumarse al bloque. Siles Zuazo, en cambio, suscribió el acuerdo tiempo después, en Caracas.
La frase que recuerda Araníbar refleja la postura de Siles Zuazo frente a la democracia, justo en aquel momento en que se concreta ese acuerdo que solidificará uno de los hitos del retorno al sistema democrático (la asunción de Siles Zuazo a la Presidencia en 1982): “Yo voy seguro Toño. No tengas dudas, mi compromiso con ustedes se mantiene, pero sobre todo mi compromiso con la democracia es indeclinable”.
P. D. Una pregunta que sale a relucir es si en el triunfo de Rodrigo Paz también hubo una especie de “entronque histórico”, solo que esta vez con las banderas del proceso iniciado en 2006. Eso, el tiempo, los protagonistas y los análisis lo dirán.


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